Acceso Socios Aedros
Congreso 2012
| Terremoto Haití – Médicos Sin Fronteras y su manejo de las donaciones |
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| Rincón de Lectura - Artículos y Publicaciones |
| Escrito por Jonás Beccar Varela |
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En términos de donaciones en sólo tres semanas se superaron los 70 millones de Euros a nivel mundial, una cifra que asegura las operaciones en Haití por espacio de al menos 2 años, en las condiciones actuales. Entre quienes han estado trabajando en la organización durante un tiempo, esto trae inevitablemente recuerdos de aquel comunicado que la misma organización publicó exactamente 5 años atrás, en febrero de 2005, cuando había pasado un mes desde el Tsunami en el Sudeste asiático, que dejó más de 250.000 muertos: “En una extraordinaria demostración de apoyo público, las oficinas de MSF en todo el mundo han recibido en el espacio de un mes más de 90 millones de euros en donaciones para ayudar a las víctimas del tsunami. 25 millones de euros han sido ya presupuestados para la primera fase de las operaciones (entre 3 y 12 meses después de la catástrofe)”…”Las evaluaciones en el terreno continúan y estos presupuestos podrían variar si MSF detecta necesidades médicas y humanitarias a medio y largo plazo, más allá de la emergencia. Aún así, el volumen excepcional de donaciones recibidas en todo el mundo, con seguridad sobrepasará nuestras necesidades financieras futuras. Por este motivo, y fieles a nuestros principios de transparencia y rendición de cuentas, en MSF tomamos la decisión de no aceptar más fondos asignados a la emergencia del sureste asiático. Es por ello que algunas oficinas de MSF están contactando a donadores solicitando su consentimiento para utilizar sus aportaciones para el tsunami en otras emergencias y contextos de crisis”.
Quienes trabajamos en Desarrollo de Recursos para organizaciones sociales, repetimos casi como una letanía que hay que ser transparentes en el uso de las donaciones. No obstante esto, cuando llega el momento de comunicar algo así no podemos evitar que un escalofrío nos recorra la espalda: “¿qué van a pensar los donantes? ¿qué van a pensar los medios? ¿Pensarán que tenemos demasiado dinero? ¿No atenta esto contra nuestras campañas de recaudación de fondos?” Es cierto que se necesita coraje para comunicar algo así, pero también es cierto que para las organizaciones que alguna vez lo hicieron, los beneficios superan a los perjuicios: el reconocimiento público de los propios límites no sólo genera una gran sensación de confianza en la población, los medios, y sobre todo en los donantes, sino además, y muy especialmente, educa. Educa porque muestra a la sociedad que las organizaciones sociales y de ayuda humanitaria no son todopoderosas, que tienen un límite operativo, después del cual corren el riesgo de perder calidad en los servicios que brindan a las poblaciones afectadas. Además, educa porque da cuenta de que hay otras necesidades y emergencias en el mundo que la organización no puede desatender, y que no por el hecho de tener menos cobertura en la prensa son menos graves. Por citar sólo un ejemplo, MSF está en Haití desde hace 19 años, mucho antes del terremoto, trabajando en las crisis de violencia sexual, mortalidad materna, violencia urbana, etc. y planea seguir estando mientras sea necesario. Y para poder sostener tantos años de misión en un país es necesario contar con donantes que estén dispuestos a liberar sus donaciones para que la organización utilice según las prioridades que identifica a partir de su experiencia y conocimiento de los lugares en donde trabaja. Es cierto que repetimos como letanía que hay que ser transparentes en el uso de las donaciones, y también es cierto que repetimos hasta el cansancio que hay que respetar la voluntad de los donantes. Y es por ello que en algunas circunstancias extraordinarias se opta por no recibir más donaciones afectadas a un proyecto específico, dando al donante la opción de colaborar con fondos generales o de libre aplicación. Y si el donante continúa insistiendo en aplicarla para un proyecto en particular, hay que saber decir: “no, gracias”, dado que la capacidad de inversión en las operaciones han llegado a su lìmite y no se podría cumplir con la voluntad del donante en lo que respecta a afectar ese dinero a la emergencia. Esta forma de admistrar los fondos en una emergencia es la que permitirá que, ante una nueva crisis, en cualquier parte del mundo, la solidaridad de la población mundial voltee, como lo ha hecho ante esta catástrofe, su mirada hacia aquellas organizaciones que le despiertan mayor confianza y credibilidad. |






